medidas: 2000 x 3008tamaño: 17 MB formato: TIFF

Los días en “la raña” se pasaban muy rápido, pero que muy rápido.

Estaba atareada porque tenía muchas cosas que hacer.

Había ido descubriendo muchos bichitos diferentes que estaban por la sombra del roble donde siempre jugaba:
Los “cura curatos” negros y amarillos, eran muy tontos y nunca hacían lo que les mandaba.

Había escarabajos peloteros que siempre andaban dando vueltas a una pelotita más grande que ellos y “langostos” gigantes, que saltaban muy alto (aunque si se les quitaba un ala, ya no tanto).
Y en una piedra gorda, había un sapo que algunas veces salía. Lo tenía vigilado por si se marchaba a otro sitio.

La abuela tenía mucho trabajo, nunca paraba. Yo la ayudaba mucho.
En la pila de lavar la ropa, la que estaba bajo la higuera grande, había puesto una piedra igual que la suya, pero más pequeña, para que yo lavase la ropa y aprendiera “a ser una mujercita”.
Me gustaba lavar la ropa, porque cuando hacía mucho calor, la abuela me dejaba meterme en la pila y quedarme un rato en el agua.

Los tíos andaban arando “las jazas” para sembrar el trigo y las sandías. Cuando venían por la tarde, me subían un poquito en los mulos y alguna vez, yo solita, los llevaba por delante de la puerta.

El abuelo, estaba haciendo una “hortera” para el gazpacho. La hacía con su navaja, cuando las ovejas estaban tranquilas.
Si me llevaba con él, yo le cuidaba las ovejas para que él no se levantara y la hiciera más rápido. Pero el perro carea, no quería hacer lo que le mandaba:
– ¡A por esa! -Le decía yo-. Pero nada, él no se movía de la sombra… ¡era muy tonto!

Después, venía la abuela y nos íbamos a casa.
– Abuela, mañana ¿qué vamos a hacer? Le preguntaba yo.
Y la abuela siempre decía:
– A dormir. Mañana ya lo veremos.
Antes de dormirme, oí que el abuelo decía:
– ¡Esta niña está aprendiendo mucho!
Y se reía con la abuela…