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Algunas veces, el corazón se me cansa y se queda sin esencia.

No siempre es fácil continuar y quedarse. Quedarme, es la asignatura que peor llevo.

Pero mi alma sabia, me recoge del vacío y de su mano, me lleva por calles llenas de aromas para que me llene de nuevo de todo lo que necesito para continuar:

Pizca de jengibre en el abrazo de los amigos, para calentar el corazón.

Orégano y tomillo en las palabras de tantos, que me regalan sus voces perfumadas para quitar malos sabores.

Nuez moscada, en el trajín de mis hijos, que me incitan a caminar bajo su luz.

Anís y cilantro, en la capa protectora de la familia, para sentirme a cubierto de la sinrazón.

Cúrcuma y azafrán  en las pisadas de tantos que me acompañan, para que no se borren sus huellas y pueda seguirlas con facilidad.

Canela y vainilla sobre el aire, que le perfuma de estímulos para al respirarlo, sacudir la quietud asfixiante.

Vainilla dulce en la boca de quien me tiene enamorada, para recibir suavidad y dulzura con cada beso y borrar todas las palabras que no sean para la calma y el amor.

Me voy a caminar por la calle de las especias… me tomaré todo el tiempo que necesite hasta traer el alma de nuevo perfumada.