Franco y su primo

José Antonio era un señor muy importante.
Le gustaba mucho a todos.
Todos le querían y hacían muchas cosas para recordarle.
Tenía un primo que siempre iba con él y por eso siempre que le nombraban decían: José Antonio, primo de Rivera.

Los dos eran iguales que Franco, otro muy querido que siempre daba fotos suyas para que las pusieran en los colegios.

Franco tenía una canción que se cantaba muchas veces en las fiestas, pero su letra no nos gustaba a los niños y por eso, cuando los mayores no estaban, cantábamos otra letra más divertida en la que tenía el culo blanco.

En casa nunca se hablaba de ellos.
– ¿Por qué Franco es tan importante? Preguntaba yo a mi padre.
Y mi padre decía: – Te voy a contar la historia de Fierabrás y Oliveros. Eran dos guerreros famosos que sabían luchar montados a caballo… un día se enfrentaron…Y la historia seguía y seguía con multitud de detalles, pero de Franco nada…

– ¿Y José Antonio, el primo de Rivera? Qué hizo él? Insistía yo.
-Pues verás, decía mi padre, también sé la historia de Pizarro. Pizarro vivía muy cerquita de mi pueblo y de pequeño, como yo, guardaba los guarros  de los ricos, para que no se perdieran. Cuando se peleaba con los amigos, les hacía correr y les gritaba: -algún día, seré un caballero armado y todos vendréis a pedirme trabajo. ¡Tendré una casa grande con mi escudo y me traerán el dinero con varias mulas hasta casa.!

Y así,  mi padre,  iba narrando todas las cosas que hizo Pizarro hasta terminar en un país, que estaba muy lejos.

– ¿Y por qué Franco tiene un nombre tan largo? Le decía yo a mi padre cuando terminaba la historia.
-¿Muy largo decía él?
-Sí: Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España por la gracia de Dios.  Explicaba yo de carretilla.
– Bueno, decía mi padre, el abuelo también se llama: José, Ramón, Daniel, Fuentes Fuentes… No todos podemos ser iguales.

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Un día al año era la fiesta de José Antonio y su primo Rivera.

Ese día era muy importante y todos los niños teníamos que ensayar mucho la canción que le gustaba y la forma de cantarla.

Esa semana por las tardes en el colegio, no se hacía nada más que ensayar; todos en fila, con el brazo bien alto y cantando bien fuerte: “Cara al sol, con la camisa nueva…”  Sin equivocarse ni un poquito.

Teníamos que llevar super limpios nuestros “Babis” Negros y que no les faltase ningún botón.
La cinta de la cintura, la que señalaba qué curso hacíamos, sin manchas y bien planchada ese día.

La mía eran blanca, que  – ¡¡¡menuda suerte!!!  Decía mi madre, porque siempre se me llenaba de tierra cuando jugaba al “Truque”. Las otras niñas, las de verde, o rojo, tenían menos problemas, pero a mí me faltaba mucho aún para pasar a esos cursos…
También había que llevar bien blanco el cuello de plástico que se ponía sobre el “babi”.

Pero, decía mi madre que  – Tararí que te vi. Eso decía ella.
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– Mañana es el día “señalado” decía el profesor.
– Os quiero a todos bien puntuales, no quiero tener que dar un mojicón a nadie, por llegar tarde.

A las doce, nos íbamos caminando en fila desde el colegio hasta la puerta de la Iglesia.

Delante de ella estaba una cruz que era de José Antonio y su primo y de más gente que se habían caído mucho por España y les habían puesto una cruz grande con sus nombres. Seguro que se habían hecho mucho daño al caerse.

Los que más cantaban eran los del tricornio que así les llamaba mi padre. Con la escopeta en un brazo bien tiesa y  el otro levantado.

Y el cura que al levantar el brazo tan alto,  se le veían los calcetines blancos, bastante sucios, por debajo de la sotana negra.

Los profesores también cantaban muy alto y algún otro “chupa tintas” decía mi padre.

Pero esto no se podía decir en ningún sitio, solo en casa y bajito.

Después de cantar se gritaba: ¡¡¡¡¡¡Viva España!!!!! ¡¡¡¡Viva Franco!!!!!
¡¡¡¡¡Viva José Antonio primo de Rivera!!!!     Varias veces, muy alto, muy altoooo

Luego ya era fiesta todo el día y no teníamos que volver al colegio.

¡Menuda suerte!!!