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La miré y me vi en sus ojos.

Dentro de su piel, arropada con sus telas.

Sentí en mi alma sus quehaceres , sus luchas, sus motivaciones, sus alegrías, sus pesares…

Era para mí, un ser anónimo arropado por el silencio, pero sentí la línea que nos separaba y que también nos unía.
Sentí que en mi vida, caben todas las vidas con las que me cruzo y que todos los corazones pueden latir en el mío.

Mi alma está hecha de trocitos anónimos.