viajando

La tristeza es como el desierto.
El corazón, no tiene a qué agarrarse para protegerse de la nada que siente.
Todo a su alrededor está vacío, es árido.
Nada hay a su alcance que refresque el alma y la motive a vibrar de nuevo.
Nada ven los ojos en lo que refugiarse de la soledad que sienten.
Como la finísima arena, la desgana, lo llena todo.

Todo lo que tocas, todo lo que sientes, , todo lo que ves, todo lo que vives…está lleno de desierto.
Ni una sombra reparadora para  cobijarse, ni una gota de agua la refresca…nada.

El alma que siente así, ha perdido la esperanza, la claridad.

Le cuesta comprender que, en el gran viaje por la vida, este estado, sólo es eso: una de las etapas.
Y que si se pone en pie y sigue caminando, detrás de alguna duna, no lejos…está el oasis.