4campodelagua

Para ir haciendo y disfrutando:

*Fabricar un “chozo” de pastores, igual que el de mi abuelo en mi infancia, ese donde pasábamos algunas noches del verano bajo un cielo lleno de “caminos de Santiago” y estrellas con nombres de corderitos…ese donde oíamos toda la noche a los grillos y las ranas. Y desde el cual, vigilábamos para que los lobos (yo los vi) no se llevaran las ovejas del redil.

*Regresar al pueblo donde nací, regresar para tocar con las manos sus puertas, para mirar desde las pequeñas ventanas los tejados rojos, para llegar a las encinas y sentir de nuevo el sabor de las bellotas…sé donde hay una encina que las tiene muy dulces.

*Hablar con los compañero de la infancia de los que me fui distanciando…quedar con ellos en la terraza “del silo”, tomar con ellos una cerveza fría. Reírnos de todas las gamberradas, recordar a los profesores y los juegos del recreo, volver a preguntarnos “¿te acuerdas de D. Manolo?…sabes, me le encontré en el metro de Barcelona…

* Pasar un mes entero en “La Raña” la tierra de mis abuelos donde pasé la infancia. Subirme a al pino grande y poner al fuego las piñas para que se abran. Buscar entre las piedras las “camisas” de culebras…Intentar robar miel a las abejas que tienen el panal en el roble del camino.
Sentarme al fresco de la tarde y dejar que el aire traiga hasta mí los esquilones de los ovejas…adivinar el lugar exacto en el que están. Ir al avellano, por aquél camino que usaba la abuela y que pasa por el pozo sin brocal. Entrar en la casa de “tía Marciana” y sentir su aroma a membrillos colgados del techo…asomarme al brocal del pozo grande, quedarme un rato mirando los peces del agua. Buscar erizos, por donde los solía encontrar.
Sentir la presencia de “paco” mi querido perro…sé que nunca se marchó del todo.

*Hacer trueque: Recibir a todo el mundo que necesite mi ayuda sin medida del tiempo, ni nada que no sea su necesidad y mis manos… trabajar en los pueblos pequeños, en las aldeas o en las ciudades “Calcuta” del mundo, de las que todos salen. Quedarme con sólo mis manos… Dormir y comer con ellos a cambio de mi trabajo… ¡me lo debo!

Y por supuesto: Seguir «viviendo» la familia, los amigos…el amor. El trabajo, los campos, el mar. El aire en la montaña, las conversaciones con los desconocidos, los barrios y sus casitas, la buena gente que tanto toca mi corazón…