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Estábamos en una habitación del hospital.
Los médicos, sabiendo la gravedad de la situación, nos habían dejado a solas con mamá, gravemente enferma.

Eran las últimas horas en que la tendríamos con nosotros físicamente.
Sentíamos pena, tristeza…y una gran angustia en nuestro corazón.

Yo tenía la experiencia de haber ayudado en muchas ocasiones a diversas personas en este paso, pero al ser un familiar tan directo, estaba expectante y totalmente abierta a todo lo que en la habitación sucedía.
Las horas iban pasando lentamente, muy lentamente…
La tarde dio paso a las primeras horas de la noche y sólo las luces de la ciudad que se extendía en la falda del hospital, se dibujaban entre la oscuridad.

En la habitación todo estaba en silencio, nadie hablaba.
Mi madre había entrado en una seminconsciencia de la que sólo a ratos salía para decirnos algo.
Pero, su silencio, era sólo de palabras físicas.
Su mente estaba totalmente despierta y mantenía una claridad muy grande.

Desde hacía un rato, todo el espacio de la habitación se había ido llenando de algo denso y espeso que si bien no podía verse físicamente, sí se sentía perfectamente. Lo sentíamos todos, desde mi familia, hasta las enfermeras… y la vibración que producía, nos tenía a todos nerviosos y tensos.
Me dediqué a hablar con mi madre que parecía inconsciente, pero que yo sabía que podía escucharme y comprender, mejor que nunca, todo lo que en esos momentos tenía que explicarle.

– «No luches, no te resistas… deja que las cosas sucedan…
…tranquila, no estás sola, te ayudarán… tranquila…
escucha en tu corazón, deja que te hablen… deja que te ayuden…”.

Al principio, parecía que nada cambiaba, todo seguía igual.
Había mucho calor en la habitación y teníamos la sensación de que nos faltaba el aire a pesar de que todas las ventanas estaban abiertas.
Era como si la oscuridad de la noche que reinaba fuera, se hubiera apoderado del espacio y no fuésemos capaces de alejarla de nosotros.
Mi madre continuaba inquieta, desorientada, sin saber muy bien qué le estaba pasando…

Yo le seguía hablando suavemente:
“- Deja que te ayuden… no te resistas… escucha lo que te decimos…
este es otro tiempo, has llegado a otra forma de ver y de sentir… deja que te ayuden, no tengas miedo…”.

Así pasamos mucho tiempo.

Poco a poco, la vibración que había en la habitación había cambiado.
Ahora era, menos densa, más nítida, se sentía “todo lo que había”, prácticamente se podía ver físicamente. Y esto no sólo me estaba sucediendo a mí, sino a todos los que estabamos en la habitación, ya que cada una en su medida, lo estaban viviendo de igual modo.

La habitación se había ido llenando de seres espirituales que estaban situados alrededor de la cama, rodeándonos a mi madre y a mí… y esperaban.
Su presencia era tan fuerte, que se los podía ver físicamente, su contorno se dibujaba en las sombras de la habitación, eran seres grandes, como de una luz amarillenta…su vibrar era cálido, calmado… y permanecían silenciosos, esperando con respeto. Su fuerte presencia llenaba por completo la habitación. Daba la sensación de que ya no cabía nadie más, allí dentro.
Yo continuaba hablando con mi madre, explicándola cosas. Sentía su mente más despierta y receptiva que nunca y sabía que había dejado de razonar todo lo que estaba sucediendo y que comenzaba a “abandonarse, a dejarse conducir…”.

La madrugada había ido avanzando, y a medida que pasaba el tiempo, la sensación de presión que había en la habitación se había ido suavizando.
Los seres continuaban allí, silenciosos, callados, llenando por completo todo el espacio alrededor de la cama.

Mi madre, se recuperó un poco y nos dijo:
“ – Les voy a hacer caso… tienen razón, les voy a hacer caso…”
Yo continuaba hablando con ella, para que estuviera tranquila y confiase…
Y lo hizo.

Desde el momento en que lo hizo, todo cambió en la habitación:
La presión que había y que sentíamos todos, desapareció.
El aire, volvió a ser, fluido y fresco, la densidad que nos aplastaba a todos, se fue suavizando y nos comenzamos a sentir todos mejor.
A los pocos minutos, en la habitación se sentía una calma y una paz enorme… toda tensión había desaparecido y la sensación era incluso de bienestar.

Mi madre había perdido totalmente la consciencia y había entrado en coma. Su corazón seguía latiendo aceleradamente obligado por la medicación, pero en su cuerpo no había ningún signo de vida. Ahora, descansaba plácidamente como desconectada de todo.
Al relajarnos, me di cuenta de algo muy hermoso que me hizo llorar de emoción y agradecimiento:

Los seres que llenaban la habitación y que desde hacía varias horas nos acompañaban, se habían hecho más transparentes y luminosos que antes y formaban un grupo muy tupido alrededor de la cama.

Poco a poco, del cuerpo de mi madre se fue desprendiendo una energía parecida a ellos, estaba encima de ella, formando otro cuerpo, muy parecido a su físico.

Este otro cuerpo permanecía en horizontal, por encima de la cama, y a cada rato que pasaba, se elevaba más hacia arriba.
Todos los seres, estaban pegados a él, como sujetándole con sus manos.
Cada vez estaba más arriba, hasta colocarse por encima de nuestras cabezas, algo más abajo del techo… Solo un hilito de luz, unía los dos cuerpos, uno exhausto y acabado sobre la cama, el otro fuerte y luminoso descansando en manos de los seres que le custodiaban.

En la habitación había una sensación de alegría y de felicidad que nos asombraba.
Sentíamos en nuestro corazón algo muy hermoso y fuerte, algo muy especial, antes nunca sentido que nos hacía estar tranquilos y llenos de una alegría muy grande. La situación que estábamos viviendo era tan clara y llena de tanta fuerza, que toda la tristeza anterior había desaparecido.
De algún modo, sentíamos claramente en nuestra mente la voz tranquila de mi madre, despidiendose, llena de calma, llena de paz…
Nos alegraba sentir lo hermoso que era esta marcha y que ya no había dolor ni oscuridad, que no había duda o sentimientos de perdida, sino que estábamos felices porque todo lo que estaba sucediendo nos mostraba las cosas de un modo totalmente distinto a como normalmente la gente lo vive, si no llega a esta conciencia.
sentíamos, veíamos, que mi madre, se marchaba llena de felicidad y alegría.

Se marchaba acompañada por seres de luz, que le llevaban en brazos arropada por algo muy bello.
Así permanecimos durante las siguientes horas hasta que se hizo de día.

Llegó el médico y no sé qué sintió… pero mandó que inmediatamente, le quitasen la medicación.
Casi en el mismo instante de hacerlo, sentimos como la presencia espiritual de mi madre, que durante el último tiempo había aguardado suspendida sobre su cuerpo físico, desaparecía, llevada hacia arriba por los seres de luz que durante toda la noche la habían mantenido en volandas.
Se quedó su cuerpo sobre la cama, vacío, desprovisto de toda vida o energía…
Pero no nos pusimos tristes; todos, cada uno en su medida y apertura, habíamos asistido a su partida de este mundo y habíamos visto lo hermoso que era.

Ahora sabíamos, comprendíamos, habíamos vivido con ella, algo de lo que era la nueva forma de “vida” que para ella había comenzado.
Y nos quedamos con esa alegría. Con la profunda alegría de haber asistido al nacimiento más hermoso jamás imaginado. Esto es ahora su recuerdo: el nacimiento, la transformación de lo físico en el “sólo alma”. Siempre damos gracias, siempre.
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Así se marchó mi madre, pero a lo largo de mi vida, he visto marcharse a mucha gente a la que he ayudado…y me han ayudado a mi con su luz, muchas veces.
El camino sigue…marcharse es volver a comenzar, volver a vivir. Todo es una hermosa rueda del tiempo en el espacio donde giramos para aprender y sentir.

Ojalá llegue pronto a todos los corazones, el momento de comprenderlo así. Comprenderlo, vivirlo así, llenos  de calma y alegría.
De una calma y una alegría, de un sentir…. “que no es cómo el que nos dan las cosas del mundo”.