(Foto tomada por Mónica Presa  en Febrero del 2007)

Conocí personalmente, a la Madre Teresa de Calcuta en Madrid.
Su generosidad y cariño,hizo posible que estuviésemos compartiendo trocitos de vida: la suya, de una
humildad brillante, grande, poderosa, llena de la fuerza que da la paz.
La mía, inmersa en un torbellino de luchas y sensaciones que me zarandeaban sin tregua.

Mi corazón aún lleva esos
momentos vibrando en lo más profundo del pecho.

Yo, entonces, tenía miedo a
todo lo que mis manos me mostraban: eran como ventanas a través de las cuales
me asomaba al sentir y vibrar más profundo de los demás.
Durante muchos años, no supe qué hacer con todo eso…

Ella, puso sus manos sobre
las mías y casi sin palabras, me quitó todos los miedos.

La Madre Teresa de Calcuta
decía: «Las manos que curan, son las manos que transmiten amor».
Y ese fue el camino que me mostró para seguir avanzando en mi vida personal y en mi trabajo.
Mi corazón, se reconcilió
con el don de mis manos. Desde ese día, supe cual y
cómo sería mi modo de trabajar y vivir.

Han pasado muchos años…pero cuando flaqueo, siento
aún sobre mis manos, la calidez y la fuerza de las suyas.

Todo queda guardado en el alma. Lo más grande, lo pequeño,
todo es para ganar, todo es amor para ganar.
¿Cómo no dar testimonio de
lo vivido? ¿Cómo no entregarlo?

Gracias
a vosotros siempre, por recibirlo.