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Me estaba esperando.
 Al acercarme sentí su poderosa energía llenando todo mi ser.
La toqué con respeto. Y las vivencias, que llevaba cinceladas en cada rendija de su alma, pasaron a la mía.
Aún conservaba la suavidad que sobre su piel, la han dejado mil olas.
Reposaba sobre la arena, frente al mar que tantas veces había surcado venciendo los vientos.
Alrededor la han nacido flores y pequeños arbustos.
Ya no es impermeable, ni lucha por mantenerse a flote, navega sin lucha, por otros mares.
Por entre los grandes huecos de su esqueleto, entran y salen las golondrinas. Y algún pajarillo ha encontrado cobijo en sus recovecos.
Está en un privilegiado lugar de la playa, desde su quilla, que sigue apuntando al mar, se puede ver todo el horizonte.
El mar, con sus tranquilas olas, no llega hasta ella, pero aún, cuando la echa de menos, se embravece y se acerca a bañarla, para que no pierda del todo su sabor.
Algunos días, con el arrullo de la marea, su alma se eleva sobre las olas, dejándose arrastrar mar adentro. Este modo secreto de navegar, no lo comparte casi con nadie. Porque solo los viejos lobos de mar y las barcazas embarrancadas en tierra, lo poden comprender.
Me senté junto a ella y recostando mi cabeza sobre sus tablas, charlamos largamente y nos comprendimos.
Regresé muchos días, solo por sentirla de nuevo, sólo por seguir con ella conversando.
Cuando nos despedimos y empecé a alejarme, sentí mi alma idéntica a la suya.Desde entonces, no quiero nada más que la libertad de quien nada tiene que defender.
Y que mi alma hondee llenando el aire, para ser respirada.
Sólo quiero la vida, tal cual hasta mí llegue y vivirla sin lucha, sin resistencia.
Sólo estar y sentir.
Sólo navegar por todos los mares, verdes o azules, abierta de par en par, dejando que todos los pájaros me aniden y que todos los vientos me crucen.Quizás alguien, al cruzarse conmigo, entienda mi idioma.