Viajando

(Foto de Míriam Rivas)

Me tendí sobre la cama y esperé relajada el sueño.  Miré el techo de la habitación y me quedé escuchando los pequeños sonidos de la noche. De pronto sucedió, sin que ni siquiera hubiera podido preverlo: estaba fuera del cuerpo.

Me miré intentando comprender lo que sucedía y vi mi cuerpo, pesado y grande reposando sobre la cama.  Estaba situada como a metro y medio del suelo, por encima de la cama, a un lado.

Mi forma en este estado, se parecía mucho al cuerpo físico. Era como un globo que le imitase, pero algo desinflado. Las dos formas, eran lo mismo, como desdobladas una de la otra sin separarse del todo.

Estuve mucho rato observándome, reconociéndome, en este nuevo estado. Mi cuerpo descansando, era más grueso y menos alto, de lo que recordaba.

Durante mucho, mucho rato, me quedé allí, sin saber qué hacer o cómo reaccionar. Solo estaba allí, quieta, atenta a todo. No tenía miedo ni temor, sino una apacible calma.

Sentí un ruido que provenía de la calle. Y me pregunté qué sería. Pensé en la calle y al instante estuve en la calle. La forma que ahora era, se deslizó velozmente por el pasillo, pasando sin más por la puerta de la habitación y por la de la entrada. La parte que unía los dos cuerpos se extendió haciéndose muy fina, pero mantenía siempre una conexión entre las dos formas.

En la calle no había nada, todo estaba en silencio. Pero me quedé unos minutos mirando. ¡Era todo tan diferente mirándolo desde esta forma! La luz, los detalles, los sonidos, las sensaciones…Estaba admirada.

Recordé mi cuerpo, me preocupaba qué sería de él o cómo estaría y en otro instante volví atravesando la puerta y el pasillo entrando de nuevo a la habitación.

Al cruzar por el pasillo, a pesar de que todas las luces permanecían apagadas y solo había una tenue penumbra, veía con gran precisión todas las cosas por las que pasaba: las vigas de madera estaban llenas de multitud de agujeritos y oía con nitidez cada sonido que de ellos salía. Los desconchones de la pared tenían diminutos insectos escondidos entre sus capas de pintura.  Y en las plateadas telas de arañas que colgaban entre las vigas, había mucha actividad

.Era increíble que todo esto lo pudiera captar en solo el instante que tardaba en cruzar el pasillo, y que además, lo pudiera ver todo con tanto detalle, como si sus ojos fueran dos potentes lentes.

Volví a oír ruido en la calle y de nuevo dejé la habitación y me marché fuera.

Ya no me preocupaba tanto que mi cuerpo físico estuviera solo en la habitación y que otra, lo que era yo en esos momentos, estuviera fuera.
Como todo estaba tranquilo y tenía mucho tiempo me detuve a observar todos los detalles: la farola que iluminaba la calle, daba una luz amarillenta y mortecina. Junto a ella revoloteaban muchas pequeñas mariposas, atrapadas por la luz y el calor. Nunca había estado tan cerca de ellas. Las miraba a su misma altura y muy cerquita de donde estaban. Sentía el sonido de sus alas y cómo el calor de la bombilla requemaba sus cuerpos hasta atontarlas por completo.

Pensé que me gustaría ver a alguien estando en este estado, para ver qué sentía o cómo sería. Pero no había nadie, todos dormían.

Se me ocurrió la casa de un familiar, por si estaría alguien despierto, y sólo pensarlo me deslice rápidamente por las calles que separaban una casa de la otra, hasta llegar a la puerta. Pero tampoco aquí había nadie. Por alguna razón que entonces desconocía, no se podía pasar dentro, era su intimidad y hasta ahí no se podía llegar. Me quedé junto a la ventana, escuchando, pero nada…

Por alguna razón me parecía muy importante ver a alguien en este estado.
El recuerdo de mi cuerpo me devolvió rápidamente a la habitación… pero todo seguía tranquilo.

Salí de nuevo a la calle.

Ahora me parecía divertido poder pasar de aquella manera las puertas y cómo la forma que ahora era, se deslizaba rápidamente de un lado a otro, como escurriéndose por el aire.

Permanecí en la calle a la espera de que alguien pasara, ya comenzaba a amanecer. Un señor subía calle arriba, venía fumando, sólo llevaba un pequeño bolso y caminaba encogido tosiendo de vez en cuando. Cada vez estaba más cerca.
Si me hubiera quedado en mitad de la calle, habría pasado por el medio de él. Pero me aparté y pasó a centímetros de donde yo estaba. Él no me vio. No sintió nada especial ni fue consciente de que yo estaba allí junto a él. O quizás sí, porque justo al cruzarse, él sintió un escalofrío, como de frío. Pero siguió caminando sin más.

Que curioso era todo. Que diferente, cuantos detalles y sensaciones se podían captar. Cuanto se podía sentir y ver en este estado. Que ampliados estaban los sentidos y que capacidad tan grande de ver y oír todo en sus mínimos detalles.

Estaba amaneciendo, mi cuerpo físico seguía descansando tranquilo y relajado en un plácido sueño, esperando sobre él, razone todo esto.

Ya entraba luz en la habitación y eso me inquietó. ¿Qué haría si venían a despertarme y no podía levantarme? ¿Cómo haría para poder volver a mi cuerpo y que todo volviera a estar normal? No tenía ni idea. Sentí la puerta de entrada abrirse. Venían a despertarme. Esto fue suficiente para que inmediatamente mis dos cuerpos se unieran de nuevo.

Me incorporé y me senté en la cama. Sentía mi cuerpo pesado y lento. Muy pesado y muy lento en comparación con su estado anterior. Y torpe.

Tardé varios días en comprender todo lo que esta experiencia había cambiado en mi.

Desde este día, vivía casi como antes, pero nada continuó siendo igual.

Durante algún tiempo pensé que esto era extraño, después, poco a poco, me fui acostumbrando a esta facultad que tanto me ha ayudado a lo largo de la vida.